Desde los reyes babilónicos hasta las membresías de gimnasio del siglo XXI, la tradición de empezar de cero el 1 de enero tiene raíces antiguas y objetivos sorprendentemente familiares.
Cada 1 de enero, millones de personas se proponen hacer más ejercicio, gastar menos o ser más amables, un ritual que parece muy moderno, pero que tiene raíces sorprendentemente antiguas. La tradición de hacer propósitos de Año Nuevo se remonta a casi 4000 años atrás y tiene su origen en civilizaciones que consideraban el Año Nuevo como un momento de renovación y reflexión.
“El deseo de empezar de cero es un impulso humano”, afirma Candida Moss, profesora de la Universidad de Birmingham especializada en historia antigua y cristianismo primitivo.
Desde los votos de los reyes babilónicos hasta las promesas personales de la actualidad, la práctica ha evolucionado, pero su esencia sigue siendo sorprendentemente familiar: dar la bienvenida al nuevo año con la esperanza de mejorar.



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